lunes, 9 de marzo de 2015

GUISANDO - CAMPING LOS GALAYOS - ÁVILA mayo 1990



Este fue nuestro primer camping.
La primera vez que compartíamos tanta intimidad, lo recuerdo bien.
Dormíamos en la tienda iglú que había comprado Manu, porque la canadiense que tenía pesaba un montón y en este viaje aún no teníamos coche, con lo cual había que reducir el peso al máximo.

Desde Arenas de S. Pedro hasta el camping de Guisando habría unos .. 6 Km. cuesta arriba por la carretera... eso, y sumando los 20.000 Kg. que llevaba a las espaldas hace que recuerde la ascensión como algo bastante penoso.

Pero luego todo eso no importó nada, aquello era un paraíso, un denso bosque de pinos, por el que hicimos varias salidas.

Tengo dos momentos en mi cabeza, relacionados con el frío de la noche:
1.- Calentar una lata de magro en el camping-gas para cenar y mojar colines
2.- Intentar calentarme los pies con las mangas del plumas (era uno de aquellos anoraks desmontables) menudo frío pasamos!!

SEGOVIA con Manu - Enero 1991


¡Ay, mi madre!
He visto las fotos de aquel día... ¡¡ qué jóvenes estábamos!!
Unas caritas de pipiolos, una felicidad...
Fue el primer viaje (mini-viaje) que hacíamos con la cámara nueva. Una maravilla de Ricoch, que aún conservo como oro en paño, a pesar de la era digital.
(Tengo que decir desde aquí que tuve otra reflex, totalmente automática con dos objetivos.. la leche!, que no hacía unas fotos tan bonitas como la Ricoch... la acabé malvendiendo a una tienda de segunda mano y me he arrepentido mogollón)

Bueno, a lo que vamos: He puesto esta foto "googleada" porque me recuerda mucho a una que hice yo misma y que salió preciosísima.

Fue un día especial, mucho fresco, mucho amor, visitas a los sitios emblemáticos y un cochinillo buenísimo, eso si, NO EN CÁNDIDO, claro, nuestra exigua economía no nos lo permitía (ni entonces, ni ahora, al cabo de los años...jaja)

...Y tan felices que éramos

DESCENSO DE CAÑONES año 1992-93

Una pesadilla.
No, rectifico: una auténtica pesadilla.
Manu tenía la bonita costumbre de escaparse algún que otro fin de semana con su compañero Alfonso (yo le llamaba Sito... como S. Pons, por la extrema velocidad a la que le gustaba conducir) y con otros compañeros.
Cuando me quedaba en Madrid, me pasaba el fin de semana agobiada y pensando que le podía pasar cualquier cosa, bien en la carretera o haciendo el descenso de cañones, propiamente dicho.
Recuerdo el terror que me entraba cuando me decía que estaban preparando otra excursioncita de estas.
Sudeció lo normal, seguí aguantando el tirón, porque le quería demasiado para prohibírselo, y que se enfadara conmigo, pero me quedaba esperándole con el corazón en un puño, como se suele decir.
Yo creo que si la situación se hubiese alargado mucho más, hubiera acabado siendo una paranoica (más de lo que ya soy, of course)

Al fin, me animé a participar en una de las susodichas excursiones, y allá que nos fuimos un fin de semana, a la Sierra de Guara, en Huesca.
Ya sólo el viajecito se las traía, pues salíamos el viernes por la tarde y regresábamos el domingo con el palizón puesto.
No recuerdo cual fue el que hicimos concretamente (creo que era el Peonera inferior), pero según ellos, era de los más fáciles, y es que en esta ocasión íbamos dos chicas, la novia de otro chaval y yo misma (aparte de Manu, Sito Pons y ¿también Jesús-Harpo?)
La aventura para mi comenzó en el mismo momento en el que tuve que enfundarme o mejor dicho "enmorcillarme" en el espantoso trajecito de neopreno, imprescindible para aguantar las gélidas aguas primaverales del cañoncito.
Y así, cual morcilla de Burgos, sintiéndome una gorda y sin más equipaje que la tira para sujetar las gafas y nuestra comida (una bolsa con almendras crudas para todos), comenzamos el descenso.
El primer chapoteo casi fue de agradecer, pues después de haber caminado desde el coche hasta el comienzo de la ruta y haber sudado un poco más con el intento de meterse en el ajustado neoprenito, parecíamos unos pollos mojados y teníamos bastante calor.
Recuerdo una primera parte preciosa, en la que nadábamos a favor del río en unas aguas transparentes, una maravilla, deslizándonos a veces sobre las rocas lisas a modo de tobogán.

En ese momento entendí por qué se llamaba ese deporte "descenso de cañones": bajábamos suavemente por las profundidades del cañón, si alguién nos hubiera podido ver desde arriba, vería una fila de pirados (ahora que recuerdo -sin casco- menudos inconscientes) que iban charlando o incluso cantando a voces.
Esa parte desde luego que moló.
Luego comenzaron las dificultades... pequeñas al principio, pero que al final de la tarde yo, particularmente veía como ENOOOORMES dificultades, pues no podía con mi alma.
Lo primero que me chafó un poco fue la deprimente comida que hicimos... todos en torno a una bolsa de basura gris repleta de almendras crudas -y bastante húmedas e insípidas- y con las que tuvimos que conformarnos, pues era solo para reponer un poco las fuerzas y continuar.
Otro de los inconvenientes (y no vale reir) es que no se podía hacer pis con el puto neopreno puesto, se suponía que se picaba con el ácido de la orina -aunque visto con perspectiva, yo creo que era un bulo para evitar que la gente se meara , claro- y como consecuencia, había que desenfundarse y volverse a enfundar muy a menudo, con las consiguientes dificultades.
Si a eso le sumamos que estar en el agua fría suele aumentar considerablemente las ganas de hacer pissss
Hubo un momento en el que tuvimos que hacer un salto de unos 5 metros de altura (5 me acaba de confirmar Manu, aunque en aquellos momentos a mi me parecían 20)
Lo del salto no era tan malo, supuestamente... lo malo es que ya no se podía volver hacia atrás... sólo continuar hacia delante, y saltar, claro
Igual la cosa no me hubiera impresionado tanto, si no fuera por las exclamaciones que se oían de fondo... todas ellas de los que ya estaban abajo:
-"No saltes en este lado, que hay un remolino, y te puede absorber"
-"Ah, aquí tampoco, hay rocas y te puedes dar con el fondo"
-"Mira, salta aquí" - decía nuestro simpático cicerone, señalando con la manita hacia un punto indeterminado, delante de si mismo...¨

Si, claro, no te jode... donde tu digas voy a tirarme... y sin las puñeteras gafas, ademas... que había que tirarse sin las gafas, para evitar destrozarlas.
Al fin, salté como pude, y no debí hacerlo tan mal, pues estoy aquí contándolo, jaja.
Por fin, durante la última hora (bueno, apreciación mía, igual fue media, igual fueron dos) íbamos contra la corriente, que nos llegaba apenas a la rodilla.
Aquello parecía fácil después de todo lo que habíamos pasado... craso error. Un ejercicio contínuo contra la corriente nos proporcionaría unas lindas agujetas en las piernas.
El final del barranco-cañón terminaba en una especie de presa, de unos 15 metros de altura, en la que, afortunadamente, el saltar por ella era una opción y no una obligación.


Todos ellos, uno a uno, fueron saltando (me acuerdo del terrible sonido del palmetazo que se pegó la otra chica, que salió casi llorando a causa del dolor)
Yo fui la única que se rajó y no pudo hacer el salto, entre el pánico que me daba la altura y el agotamiento... vaya, que no estaba yo para muchos más experimentos.
Me dio un bajón tremendo en ese momento, y una tembladera grave, que mejoró cuando me quité el mojado neopreno a toda prisa y alguno de ellos me prestó una gruesa cazadora.

La cena fue rápida, (no como la del viernes, con mucha juerga y mucha comida) y nos fuimos a la tienda a dormir, raudos como el viento.

Jamás olvidaré la sensación que me embargó cuando me desperté a la mañana siguiente:
¡¡TENÍA AGUJETAS HASTA EN LAS PESTAÑAS!!
No, en serio, nunca, nunca, pero nunca en mi vida (y he parido dos veces) he tenido tantas agujetas...
Los movimientos estaban ralentizados... como si la vida de pronto fuera a cámara lenta.
Mi compañera y yo nos quedamos en el campamento base, pues ellos se iban a entregar a una nueva aventura el domingo por la mañana (un cañón cortito) y nosotras no estábamos para muchas bromas.
¿cuánto se tarda en guardar un saco? dos, tres, cinco minutos... ese día yo tardé casi veinte.
El pueblo que estaba al lado del camping (Rodellar o Fanlo quizá?) estaba a un par de kilómetros... y la chica y yo (lo siento, pero no soy capaz de recordar su nombre) decidimos hacer una excursioncita... joe, vaya idea... se nos fue la mañana entera en recorrer esos 4kilómetros... y es que parecíamos una versión cutre de "las muñecas de famosa" y los pasitos que dábamos... bastante ridículas, vamos.
Para colmo, había otra consecuencia más de la aventura: Las rocas que conforman todos estos cañones y barrancos son en su mayoría calizas, con un aspecto poroso y en muchas ocasiones parecidas a la "piedra pómez", y teníamos todos los dedos de las manos destrozados (literalmente sin huellas dactilares) absolutamente en carne viva... los diez dedos.
Joe, recuerdo perfectamente no poder siquiera sujetar el café, pues teníamos hipersensibles las puntas de los dedos.
Vamos, que además del casco, yo apuntaría en la lista de cosas necesarias para el barranquismo, unos buenos guantes, para no acabar con las yemas desdibujadas.

Bueno, a pesar de todo lo que he despotricado, reconozco que estuve un tiempo muuy orgullosa de mi misma, por haber podido acabar aquel recorrido sin sufrir graves daños.

Y, aunque la zona es preciosa, y el contacto con la naturaleza es bastante intenso, lo cierto es que fue la primera y la única experiencia con los cañones que tuve (y tendré)
Poco después nos fuimos otro fin de semana con Alfonso y su mujer, Julia, pero esta vez a la zona de Cazorla.
Solo entraron ellos al cañón, yo ya me había rendido en Madrid.

Cuando al cabo de los años, Manu dejó de ir, respiré aliviada, realmente es un deporte de riesgo, aunque algunos se empeñen en no verlo así.

AINS... ESTA ES UNA DE LAS COSAS QUE ESPERO CONTAR A MIS NIETOS

SOMOSIERRA Y PEDRAZA - REAL DE PLATA primavera 1994



Este día a fuego, a fuego lo tengo grabado, pues me paso una cosa muy especial, algo que nunca más me ha vuelto a pasar y nunca me pasará, claro:
¡¡Me encontré una moneda de plata del siglo XV!!

Iba yo mirando al suelo, más que nada para no pegarme un guarrazo... y en última posición, que es la que acostumbro a llevar en las excursiones con algo de pendiente, la de "excursionista-escoba", cuando de pronto veo algo ligeramente brillante en el suelo... no podía ser nada especial, puesto que todo el grupo ya había pasado por encima y no había reparado en ello, pero tuve un pálpito a lo Simón-Ruiz y me agaché "por si acaso"
Mi asombro no tuvo límites... ¡¡una moneda auténtica de la época de los Reyes Católicos!!

(Este era el aspecto más o menos de mi moneda: un real de plata)

Me consideré una afortunada, a mi nunca me había tocado nada en las rifas, ni la lotería, nada de nada (bueno, en 8º de E.G.B. me tocó un single de "Los Pecos", posiblemente la única chica de la clase que pasaba de ellos, jua,jua...)
En fin, que desde ese momento la monedita se transformó en mi mayor tesoro: la guardé, la limpié con bicarbonato (más bien me la cargué, de lo relimpia que quedó)
Y lamento decir que al cabo de los años... la perdí.
Si, la perdí por chulita, por querer enseñar al mundo mi tesoro (uy, parezco Gollum) y la engarcé en plata y me la colgué al cuello un buen día... y ese mismo día, la extravié...
Pequé de ostentosa y tuve mi castigo.
Lloré, la busqué por todos los sitios que se me ocurrió, en casa, en el coche, en la oficina, en el trayecto...
Me obsesioné, sólo pensaba en la dichosa moneda, incluso llegué a creer, me acuerdo, que me la había quitado un compañero gilipollas de Omvesa, o que Irene jugando la había escondido ... que loca estuve esa temporada, madre mía.
Al cabo del tiempo, comprendí, que más se perdió en Cuba, como dice el dicho, y que no podía echarme abajo por algo material.
Decir que me ayudó mucho tener que dar una lección de la vida a Paula, que por entonces ya comprendía todo lo que estaba pasando, y que finalmente tuve que tragarme las lágrimas de rabia y seguir p'alante.
Cuando salió una colección de monedas antiguas (de imitación, of course) me la compré por duplicado... una para dejarla con las otras monedas de la colección y la otra para ponerla en el supuesto sitio de honor que tenía la de verdad, en mi otra colección de monedas.

En fin, y eso es todo... y no sigo que me estoy encorajinando de nuevo...uff

SANTANDER CON EL CORO DE LA CASA DE CANTABRIA mayo 1990



Vale, no fue el único viaje que hicimos con la caca de caca, como decía aquel, pero conservo las fotos así que este es el que puedo atestiguar (del otro hay diapositivas, o sea que en cuanto las desempolve, podré hablar de él, de Reinosa y del cocido liebaniégo)

En esta ocasión estuvimos en "Santander... eres dueña del mar... Santander, Santander.."
Allí estuvimos en el Palacio de la Música (creo) un sitio hiper-moderno con una acústica acojonante. No actuamos allí, pero si recuerdo que cantamos un par de canciones y sonaban de miedo.
Dormíamos en una especie de residencia de estudiantes, y como no, Ángeles y yo compartíamos la habitación. Una de las noches, se coló una polilla enorme en la habitación y ella se puso tan histérica que tuvimos que encender la luz, cazarla y echarla por la ventana (bueno, lo tuve que hacer yo, claro, jaja)
Bueno, ella y yo éramos un par de jovencitas bastante atípicas, cuando la mayor parte de los vejestorios aquellos estaban aún de juerga y cantando por ahí, nosotras nos íbamos a dormir, para madrugar al día siguiente y poder pasar un rato en la playa a primera hora, cuando no hay nadie y se está mejor.

Continuando con el viaje, diré que nos hicimos unas fotos en la Catedral con todo el coro al completo y viajamos hasta Santillana del Mar, donde hicimos una actuación bien bonita en su precioso claustro.




¡Ah, qué tiempos aquellos, qué bien sonaba ese coro, parecía mentira que pudiéramos sonar así, teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros no tenía ni idea de solfeo y cantábamos "de oido"... eso si, menudo oído teníamos, y además estaba Zuazua, que era nuestro director, y que no permitía que nos saliésemos ni un milímetro del guión establecido...



También estuvimos en el Parque de Cabárceno, el cual pudimos visitar brevemente, y eso que aún no estaba inaugurado, pero estar en el coro "oficial cantabrón", tenía sus ventajas.

En fin, que eran otros tiempos y que me encantaba verme como "las niñas" del coro, un lugar donde no siempre me sentí como en mi casa, pero en el que fui, sin embargo muy feliz y guardo un grato recuerdo

PEDRAZA - HOCES DEL DURATÓN 24 abril 1989




Ese día lo recuerdo bien, pero me trae también recuerdos amargos, por lo que contaré a continuación.
EStuvimos en multitud de sitios, tantos, que no se si los recordaré todos.
Fuimos a Pedraza, a Turégano, a Sepúlveda... o fue Cantimpalo?



Y sobre todo me acuerdo de San Frutos en la Hoz del Duratón.
Allí comimos, y nos empapamos con la lluvia, corrimos, jugamos e incluso tocamos la flauta, como atestiguan algunas fotos. (Javi Rojo era aficcionado a la música folk)
jaja, me asalta un recuerdo: cuando fuimos a poner en marcha el mini-hornillo y así poder freir los choricillos, aquello pegó un "pedo" y se escapó todo el gas...
Menos mal que también había tortilla de patatas y algo de fiambre, porque sino, nos quedamos sin comer...



SAN FRUTOS DESDE ARRIBA

Fuimos, entre otros, Iñaki, Víctor?, Gabriel, Javi, Pady, Vera, Ángeles, Merche, Gabriel (el tío bueno medio seminarista) unas cuantas petardas que tengo sus caras porque conservo las fotos, pero que he olvidado el nombre.
También venía Jose, ese chico tan tan tímido que hablaba tan bajito y que al final de curso se mató, tirándose por una ventana de su casa.
De ahí los recuerdos amargos. Fue una tragedia que tardamos meses en digerir.
Una no sabe qué pensar cuando un chaval tan joven se quita de enmedio de ese modo tan horrible.
Pero lamentablemente da mucho que pensar.

ITALIA: VIAJE FIN DE CURSO B.U.P.



Bueno, este viaje lo recuerdo también a la perfección.
Nos enfrentábamos por primera vez a tener que hablar en otro idioma (bueno, nos pasó una anécdota muy simpática... intentamos buscar una panadería preguntando en franchute-cutre, y resultó que la señora ... ¡¡era paraguaya!!)

La paliza de autobús fue mas o menos como sigue:
Dormimos la primera noche en Lloret de Mar (con escapada a la playita incluida)
Luego Nimes, con su plaza de toros, y nuestra primera experiencia de tener que pagar por hacer pis (no iba a ser la única, claro)
Y luego visitamos brevemente Montecarlo (lo flipé, no he visto nunca un sitio después en mi vida donde se viera el lujo tan cercano) y el casino de lejos (pero podemos decir que estuvimos allí...)
y claro lo típico, Pisa, Siena, Roma, Florencia y Venecia.

En este viaje tuve mi primer rifi-rafe con mi amiga Silvia, que de golpe se puso muy protectora y madraza, diciendo que íbamos a coger frío en la playa.
Tuvimos una plasta todo el camino, (la Mary-Juez) que no había modo de sacárnosla de encima... pobrecilla, cómo nos pasamos con ella... pero es que era insoportable.
Nos perseguía a Silvia y a mi, para que fuéramos amiguitas... y nosotras no la aguantábamos.
Fue muy duro ser tan borde con ella, a mi me costaba, por lo menos.
Pero en general, fue un viaje sin grandes enfados.

La comida, lo peor, pues a mi la pasta, al contrario de todos los adolescentes, no me entusiasmaba (ni me entusiasma a día de hoy) demasiado.
Recuerdo un día que se acabaron las patatas fritas justo al llegar a mi plato. El camarero sonrió y dijo: "signorina, finitto patati" (o algo así) y me plantó junto al pescado un cucharón de insípido puré de patatas... agg, y el resto se mondaba de la risa.

En Venecia, teníamos una habitación (no en la misma Venecia, claro, sino en el Venetto) nos llamaba la atención la ducha... ¡¡no había plato de ducha!! Érase un desagüe a un lado del cuarto, y la pera arriba... vamos, que cuándo nos duchábamos, se limpiaba todo el baño además..jaja
Si, si, ahora me río, pero entonces nos quedamos alucinadas y nos daba pelín de asco.

Fue un viaje lleno de experiencias de todo tipo, divertidas, curiosas y visualmente completo.
Lo disfrutamos muchísimo.
Y eché de menos a Angelines, la excusa de sus padres fue que tenía que hacerse cargo de su hermano, 10 años menor... A día de hoy, estoy segura de que aún no lo ha olvidado.



¡¡qué bueno estaba el David de Miguel Angel...!! (Todas babeando)


Me acuerdo muy bien de cuánto me impresionaron las grandes obras que vimos en el Vaticano, Florencia, Venecia, y que yo imagino que marcaron mucho mis pasos hacia todo lo relacionado con el Arte y la Historia, cosa de la que nunca me he arrepentido, aunque no me ha dado las satisfacciones que esperaba (soy auxiliar administrativo, y me jubilaré siéndolo, seguro)
Quiero volver, con Manu y las niñas. Espero que cuando sean algo más independientes y maduras, jaja...no, en serio, igual cuando tengan 14-17 años, para que lo disfruten más y podamos haber ahorrado lo suficiente.

MI PLAZA FAVORITA: LA PIAZZA NABONA

EL PLACER DE VIAJAR




Descubrir nuevos paisajes, nuevas gentes y gastronomías...
El gusto de recorrer unos kilómetros desde tu casa y ver lo pequeñísimos que somos, y lo diferentes que son las cosas si nos las alejamos de los ojos unos cuantos metros.

La intención es hacer varias entradas de viajes que recuerde:
Desde un fin de semana en una casa rural de la Sierra de Madrid hasta nuestro viaje más lejano: Estambul





Ahora que he terminado de transcribir la recopilación de: "Mas de 1.000 recetas de cocina de la buena" a este blog tengo que fijarme nuevas metas

Bueno, si lo pienso fríamente, aún me queda mucho por hacer si pienso en editar las entradas culinarias y llenarlas de hermosas fotos.

Y también puedo hablar de mis trabajillos manuales, y todos los berenjenales en los que me suelo meter y que después me cuesta tanto acabar.

VIAJAR: ¿POR DÓNDE EMPIEZO...? POR EL PRINCIPIO


El primer viaje que recuerdo haber hecho, lejos de Madrid y de mi familia es el de viaje de fin de curso, en 8º de E.G.B.
Ay, qué lejos queda todo aquello, teníamos apenas 14 añitos y era nuestra primera bocanada de libertad...
Ahora mi hija, con 10 años ya ha ido dos veces de "campamentos" y se las ha tenido que arreglar con el aseo, la ropa, los mosqueos con las amigas... unos añitos antes, aunque, en realidad, entonces estuvimos con mucha menos vigilancia por parte de los profes.
La estancia fue en un pueblecito malagueño de la costa llamado "Rincón de la Victoria", en un hotelito que tenía dos camareros guapísimos con los mi grupito intimó (algunas tenían mucha caradura para la época), aunque con mis dos amigas más íntimas, esto es, Rosa Martín y Paloma Nogales era todo de lo más inocente.
Me faltaban algunas en el viaje, como Gema o Paloma Rico, que no fueron.

Visitamos Granada, Málaga y el parque de atracciones del Tívoli (creo que se llamaba)
-Recuerdo bien, lo acabo de comprobar en google-
Parece mentira que guarde algunos recuerdos tan nítidos de aquel viaje, pero supongo que los primeros viajes que una persona hace, marcan mucho.

Recuerdo que probé el gazpacho andaluz por primera vez, y que luego le pedí a Chón que me lo hiciera, y como ella puso las medidas del gazpacho típico de la puebla y lo trituró sin más... aquello parecía un vómito...jaja, pasaron años hasta que volví a probarlo en condiciones, sin recordar ese momento de asco... uffff

Recuerdo también que me compré un anillito fino de plata, que a mi me parecía un lujazo gastarme mi propio dinero en algo para mi, sin dar explicaciones a nadie.

Recuerdo haberme negado a seguirle el rollo a las chulitas de la clase, y pasar de fumar un cigarrillo y encima convencer a Paloma de que tampoco lo fumara.

Recuerdo las tardes en la playa, rebozándonos una y otra vez en la arena, para volver a limpiarnos en el mar. Bueno, todas disfrutábamos mucho de la playa, pues éramos de Madrid, y no se viajaba tanto como ahora, así que, lo del mar era toda una novedad.

Recuerdo la cutre-discoteca, en la que intentar bailar un lento con alguno de los chicos que allí había fue un corte tremendo, pues la distancia que interpuse entre el chico y yo fue de más de medio metro, y luego mi amiga Paloma se reía de mi, por lo cortada que yo era...jaja

Recuerdo que lo pasé muy bien en el parque de atracciones, y que me atreví a montarme en todo, y recuerdo también el mareo que pillé en alguno de los "cacharritos"

En fin, que fue mi primer viaje para recordar (con fotos y todo, claro, hay testimonio)
Supongo que me marcó y junto con el de Italia, me dio una perspectiva clara de lo que suponía viajar.
Y he intentado salir todo lo posible y conocer muchos sitios.
He dicho intentado, claro, no que lo haya conseguido.

miércoles, 25 de febrero de 2015

TURTE PE PLITA - RECETA RUMANA DE SILVIA PASTRAGUS

Aprovechando que una de vosotras me ha comentado que echa de menos los correos de "las cosas de Maite" (si aunque os parezca mentira, me lo han dicho, lo juro...), he decidido compartir una receta que hace semanas que probé y he vuelto a hacer esta noche de nuevo, mejorada.

Se trata de las famosas (bueno en Rumanía si que lo son) "Turte pe plita" o tortas en la sartén.

Como la señora que limpia el estudio-oficina, Silvia,  es rumana y a mi apenas me gusta charlar, ya os podéis imaginar que una curiosa relación empieza a tomar forma en mi vida, una vez más.

A mi me parece de lo más interesante, siempre es estupendo conocer otras costumbres y culturas, otras formas de cocinar y de ver la vida.
Yo encantada de aprender y ella más, porque hay alguien que le tira de la lengua y escucha ávidamente todo lo que tenga que contar de su añorado país. Las dos felices.

Es una forma de hacer pan sumamente curiosa, veréis:
Se hace la masa de pan como se tenga por costumbre. Yo mezclo en mi chefo, en la función de amasar 500 gr. de harina de fuerza, 300 gr. de agua templada, 1 taco de levadura fresca y una cucharadita de sal.

Edito entrada:
Con más explicaciones por su parte hago la masa más a ojo y resulta muuucho más satisfactorio.
Más o menos 500 gr. de harina (esta vez mezclo la de fuerza con la normalita de trigo) y un taco de levadura fresca, desleído en agua templada... como un vaso grande.
Voy añadiendo harina según me pida, y amaso bien durante un rato.

Una vez amasado bien y levada la masa, después de un par de horas (o algo menos, cuando haya levado), tomamos la masa y la partimos en 5-6 pedazos.

Edito de nuevo:

Voy tomando bolitas que voy aplastando con el rodillo hasta dejarlas más finas




Se aplana un poco con el rodillo (dejando una torta gruesita, como de un centímetro) y se pone en una sartén antiadherente a fuego medio-fuerte.

Edito ooootra vez
Sartén antiadherente... con tapa, para que se vayan haciendo bien como si fuera un horno.






 Al poco rato la torta de hinchará y empezará a tomar un tono marrón tostado. Hay que ir dándole vueltas cada poco para que no se tueste demasiado.




Cuando calculemos que está hecha, la sacamos y vamos haciendo el resto, las vamos pasando a una fuente o plato, tapando con un trapo limpio para que se mantenga caliente y blandita.



El truco del trapo y de hacerlas gruesas lo he mejorado para esta vez, ya que le conté mis fallos de la primera vez y Silvia me fue indicando como corregirlos

El resultado son unas tortas, parecidas en aspecto al pan de pita, pero más sabor a nuestro pan, que se pueden tomar de muchas maneras.
Ella me dijo que muchas tardes las hace, para tomarlas, y no compran el pan.
Mirad qué esponjoso queda:





Además, en nuestra charla me contó que también se pueden hacer como "fritas" en aceite caliente y el resultado es aún mejor... más ligeras que el pan frito, pero mucho más sabrosas que las que se hacen en la plancha. Se llaman "Turte in ulei" (en aceite, entiendo)



Animaos que es una receta muy fácil y os aseguro que están buenísimas.


Os pongo una foto de "las de verdad", sacada de los interneses



y de las fritas...mmmmm